En las sociedades capitalistas, nos hemos acostumbrados a los juegos de suma cero: tú pierdes, yo gano. La idea de fondo es que los recursos son finitos y no pueden ser poseídos por dos personas a la vez. Ante la suma constante de recursos, tendemos a tratar de minimizar nuestras pérdidas recurriendo a mecanismos que se concentran en maximizar las pérdidas de aquellos con quienes interactuamos. En esas condiciones, usamos lo que suele llamarse estrategia minimax. En una estrategia minimax asumimos que el otro va a hacer todo lo que esté a su alcance para perjudicarnos y, bajo esa presunción, elegimos estrategias de acción defensivas o de contra-ataque. Estas estrategias resultan racionales dentro del esquema de minimizar riesgos, maximizar ganancias y no depender de las acciones de otros que no podemos controlar.
No obstante, tratar situaciones de suma no nula como un juego suma-cero resulta en pérdidas para todos los involucrados. Un juego que ejemplifica bien esa situación es el dilema del prisionero. En este juego el mejor resultado se alcanza si ambos participantes cooperan, no si emplean una estrategia minimax. Los ejercicios de iteración del dilema del prisionero (DPI), que ofrecen a cada jugador la oportunidad de castigar al otro jugador por la no cooperación en juegos anteriores y en los cuales el incentivo para defraudar puede ser superado por la anticipación del castigo, conducen a un resultado cooperativo. Simplemente, los participantes aprende a cooperar y todos los involucrados ganan más. En competencias para desarrollar modelos óptimos para jugar al dilema del prisionero, Tic for Tat ha resultado ser el algoritmo ganador en los juegos que no suman cero. Esta estrategia de juego incluye cuatro principios: 1) el actor siempre colabora, a menos que sea provocado con una deserción; 2) el actor se desquita cuando el otro participante no coopera; 3) una vez que se ha desquitado, el actor perdona y vuelve a cooperar; y 4) los actores anticipan que volverán a jugar el mismo juego en otra oportunidad, lo cual constituye un incentivo para cumplir con las reglas del juego y cooperar.